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Un informe del ODSA-UCA advierte que, pese a una baja estadística, persisten la pobreza estructural, la informalidad y la movilidad social descendente.
El Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA) presentó un nuevo informe donde expone las consecuencias del modelo económico del presidente Javier Milei: pobreza y movilidad descendente.
“La estructura social muestra una recuperación estadística de la pobreza, pero sobre una base metodológica frágil y sin mejoras equivalentes en consumo, bienestar ni capital humano. La pobreza estructural, la informalidad y la precariedad laboral permanecen en niveles históricamente altos, con clases medias bajas en movilidad descendente y un 30% de la población atrapada en condiciones crónicas de vulnerabilidad que el actual modelo aún no logra perforar”, señalaron en el relevamiento titulado “Estabilización, mejoras sociales y desigualdades persistentes”.
Respecto de la pirámide socioeconómica según nivel de ingresos mensuales de los hogares, para formar parte del 3% con mayores recursos en el país, un hogar familiar necesita percibir al menos $30 millones mensuales. Por debajo se ubica la clase media alta (7%), con ingresos desde los $15 millones, y los sectores medios integrados (20%), cuyo piso se establece en los $5 millones. Este grupo tiene capacidad de ahorro y puede planificar sus decisiones económicas a largo plazo.
En tanto, en el tercio intermedio se ubica una amplia clase media (20%) y media baja aspiracional (20%), sostenida por inserciones laborales formales y semi-formales, cuya estabilidad depende críticamente del ciclo económico. "Este grupo acumula expectativas de movilidad pero sufre frustración, incertidumbre y desconfianza política ante la recurrencia de crisis macroeconómicas, la volatilidad del ingreso real y el deterioro de bienes públicos clave”, afirmaron desde el ODSA.
Para pertenecer al 20% de los hogares que compone el estrato medio aspiracional es necesario percibir al menos $3.500.000, mientras que en el segmento medio bajo vulnerable el ingreso mínimo requerido es de $2 millones.
En el tercio más bajo de la distribución se agrupa una población inserta en trabajos informales, inestables o de mera subsistencia, condicionada por un entramado de baja productividad, menor nivel educativo acumulado, fragilidad laboral y fuerte dependencia de asistencia estatal. El 20% que integra el segmento bajo no indigente necesita contar con ingresos de al menos $800.000. Esa misma suma, en paralelo, funciona como el límite máximo para el 10% ubicado en situación de pobreza extrema.
“El actual régimen libertario abre la posibilidad de dinamizar sectores competitivos, atraer inversión y reordenar incentivos que podrían elevar la productividad y habilitar nuevas trayectorias de movilidad social; sin embargo, sus límites emergen en la falta de mecanismos inclusivos de transición y en la desarticulación del entramado productivo existente, lo que amenaza con profundizar la informalidad y la pobreza estructural si no se acompaña de una estrategia capaz de generar empleos formales y políticas activas de integración territorial y de capital humano que integren socialmente a los sectores hoy excluidos del desarrollo”, concluyó el informe.
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