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Sábado, 25 de abril
Generales

El sable corvo de San Martín libra otra batalla, esta vez judicial: ¿por qué los herederos de Rosas se quejaron ante la Justicia?

Milei dispuso que el arma de San Martín sea trasladada al Regimiento de Granaderos a Caballo. Sin embargo, los descendientes de Juan Manuel de Rosas, legítimo heredero del sable, presentaron una cautelar para que esta pieza siga siendo exhibida a todos los argentinos en el Museo Histórico Nacional.

El gobierno de Javier Milei dispuso este martes, mediante el decreto Decreto 81/2026 publicado en el Boletín Oficial, que el sable corvo del general José de San Martín ya no esté exhibido a los argentinos en el Museo Histórico Nacional, sino que sea trasladado al Regimiento de los Granaderos a Caballo. Sin embargo, los descendientes de Juan Manuel de Rosas –a quien el libertador le heredó su arma– presentaron un amparo para evitar este movimiento.

El sable llegó al Museo Histórico Nacional en 1896, donde fue exhibido al público. Sin embargo, el arma fue robada –y posteriormente recuperada– en 1963 y 1965 por militantes de la Juventud Peronista que exigían que se levante la proscripción contra el partido. Ante estos ilícitos, se decidió trasladarla al Regimiento de Granaderos. Recién en 2015 la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner dispuso que vuelva al museo, aunque bajo custodia permanente de los granaderos.

De San Martín a Rosas

Para entender la disputa actual hay que empezar por el comienzo: San Martín adquirió el sable corvo –que no tiene joyas ni ostentaciones, sólo una particular forma que es capaz de dañar gravemente al adversario– en Inglaterra durante 1811. Este arma fue utilizada por el libertador en el combate de San Lorenzo, en el cruce de los Andes y en las batallas por la emancipación de Chile y Perú.

En 1844 el general –que estaba exiliado en Francia– redactó su testamento y le legó el sable al entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas.

“El sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia de la América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina don Juan Manuel de Rosas como una prueba de la satisfacción que, como argentino, he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”, manifestó San Martín en su testamento.

Para 1852 Rosas había pedido la Batalla de Caseros y se exilió en la ciudad inglesa de Southampton y se llevó el sable con él. Cuando falleció, el 14 de marzo de 1877, el arma pasó a manos de su yerno Máximo Nepomuceno Terrero, quien estaba casado con su hija “Manuelita”.

El 26 de noviembre de 1896 el matrimonio Terrero-Rosas donó el sable corvo al Museo Histórico Nacional, emplazado en el Parque Lezama de la Ciudad de Buenos Aires. Junto al arma, adjuntaron una carta –rescatada en los últimos días por sus descendientes–, escrita en letra cursiva por Manuela y dirigida al director del museo, Adolfo Carranza, que especificaba: “Al fin mi esposo, con la entera aprobación mía y de nuestros hijos, se ha decidido en donar a la Nación argentina este monumento de gloria para ella, reconociendo que el verdadero hogar del sable del libertador debiera ver en el seno del país que libertó. Mandaremos también dos objetos históricos que pensamos serán de valor para el Museo Histórico Nacional”.

Los herederos presentaron un amparo

Ante los rumores de que el sable podía ser retirado del Museo Histórico Nacional e incluso de que podía ser utilizado por el presidente en un acto en conmemoración a la batalla de San Lorenzo, los descendientes de los Terrero-Rosas presentaron este lunes una medida cautelar para que el arma permanezca en el establecimiento de Parque Lezama.

Candelaria Domínguez es periodista y descendiente de Manuela Rosas. Este lunes publicó una crónica en Revista Anfibia en donde contó en detalle cómo se vivió en la familia el posible traslado del sable. Para saber cómo accionar, consultaron con diversas fuentes del ámbito legislativo, jurídico y diplomático.

Un legislador del PRO les dijo: “Lo de tu familia fue una donación. Hay que ver si fue con cargo, dirigida claramente al Museo Histórico. Si se retira de ese lugar se estaría incumpliendo el cargo de la donación y la voluntad de los herederos del sable”.

“El tercero en atendernos –continuó la comunicadora en su crónica– fue Rafael Bielsa, abogado constitucionalista y excanciller. Nos confirmó que la donación había sido con cargo, es decir, una donación que no es totalmente gratuita, porque quien recibe el bien asume una obligación a cambio. En este caso, el cargo era mantener el sable en el Museo para que todas las personas que quisieran visitarlo pudieran tener acceso”.

Tras plantear la situación a varios abogados, Nicolás Rechanik se interesó en tomar el caso: el plan fue presentar la cautelar ante la Cámara Contenciosa Administrativa Federal –que sorteará el juzgado a cargo de la causa– para evitar que el sable corvo sea removido del Museo Histórico Nacional.

Pero un día llegó el decreto

Horas después de que los descendientes de la familia Terrero-Rosas presentara la cautelar, Milei y el ministro de Defensa, Carlos Presti, publicaron un decreto en donde dispusieron que el sable sea nuevamente trasladado al Regimiento de Granaderos a Caballo –ubicado en la Avenida Luis María Campos al 554 de la Ciudad de Buenos Aires– para su adecuada “guarda, conservación y custodia permanente”.

“El sable corvo fue donado al Estado Nacional en 1897”, expresó el documento, que señaló que la medida busca “honrar la historia nacional, asegurar una administración responsable del patrimonio público y reafirmar, a través de sus símbolos fundacionales, la soberanía, la independencia y la libertad como principios rectores del orden republicano”.

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